INSTINTO PATERNAL

 

El instinto paternal no sólo existe, sino que está científicamente demostrado y además es bueno tanto para la salud como para los hijos.

Aconsejamos la lectura completa del artículo que transcribimos  a continuación.

¿Existe el instinto paternal?

Durante mucho tiempo, la sabiduría popular y, por qué no decirlo, algunos textos científicos han relacionado el comportamiento masculino con esa hormona irrefrenable y machista que es la testosterona. El macho humano, como los de otras especies animales, se vería así impulsado a buscar pareja, practicar el sexo y competir con otros congéneres por mandato bioquímico. La testosterona, ?una hormona estúpida?, como llegó a bautizársela, era una de las principales responsables de que el hombre se portara “como un hombre”.

Afortunadamente, hoy sabemos que las cosas no son así y que dentro de la etiqueta “comportarse como un hombre” también caben la ternura, la sensibilidad y el afecto paterno-filial. Sobre todo este último, porque recientes investigaciones en el campo de la psicobiología han demostrado que los hombres también cuentan con un instinto paternal similar al instinto maternal femenino. Y, curiosamente, la testosterona tiene mucho que decir en su afloramiento.

Aunque ella no es la única hormona que interviene en la paternidad feliz. Todo un abanico de sustancias colaboran para conseguir que el varón no sólo tenga deseos de aparearse sino que también anhele hacerse cargo de la prole, cuidarla y mantenerla y que todo eso genere en él una cascada de emociones positivas tan naturales como las de la madre.

 Estradiol
Un estudio publicado en 2001 por la revista Mayo Clinic Proceedings demostró que los futuros padres presentan mayores niveles de estradiol (un tipo de estrógeno) y menos de testosterona que los hombres que no esperan hijos. Es más, los varones cuyas parejas están embarazadas experimentan cambios hormonales que se activan simultáneamente a los de la mujer gestante y que, en algunos casos extremos, llegan a producir síntomas físicos como náuseas y aumento de peso.

El estradiol es una sustancia que interviene en el comportamiento maternal de las mujeres, de los primates no humanos y de otros mamíferos. Hasta ahora, no se había detectado en ningún animal que los machos también respondieran a la paternidad con aumentos significativos de esta hormona. Curiosamente, el estradiol parece ser un elemento clave en la prepaternalidad (periodos de embarazo), ya que en el último mes antes del parto, sus niveles tienden a regresar al estado normal. ¿Es que la naturaleza está intentando preparar al hombre para que sea un buen padre?

Para responder a esta pregunta, sería útil conocer cómo se comportan otras sustancias químicas del cuerpo del varón ante la inminencia de la paternidad. Los glucocorticoides, hormonas de la familia del cortisol, descienden considerablemente cuando el hombre sabe que va a ser padre. Se ha demostrado que las personas que viven en pareja estable y disfrutan de mayor refuerzo social o familiar presentan menores niveles de esta sustancia que las que viven solas o en parejas inestables. En el último mes de embarazo de la mujer, se aprecia un incremento en la cantidad de glucocorticoides de su compañero, quizás como respuesta al aumento del estrés y la aprehensión propios de esos momentos tan trascendentes para su vida.

Además de estos cambios, el cuerpo del varón que va a ser padre experimenta otras transformaciones relacionadas con el estado de su pareja. Por ejemplo, un estudio de la doctora Anne Storey, de la Universidad de Newfoundland en Canadá, ha demostrado que los pre- papás sufren un aumento de las cantidades detectables de prolactina, hormona involucrada en el desarrollo de la capacidad de amamantar en las mujeres y en las hembras de muchos mamíferos.
Comportamiento más estable
La doctora Storey especula con la posibilidad de que el estado de gestación de la mujer genere ciertas señales que indican al cuerpo del varón que ha de prepararse para tener una criatura en casa. La testosterona desciende para favorecer un comportamiento más estable, menos agresivo y menos sexual en el varón, mientras los cortisoles y las prolactinas preparan el terreno hacia un temperamento más tierno y solícito.¿Qué tipo de señales son ésas? Según Storey, es posible que se trate de estímulos olfativos enviados a través de las feromonas o, simplemente, de cambios en el comportamiento de la mujer que dan las claves a la bioquímica del varón.

El mismo equipo canadiense solicitó a los padres que informaran sobre los cambios que experimentaron en sus vidas diarias durante el embarazo de sus mujeres. Los individuos que sufrieron mayor fatiga, aumento de peso y falta de apetito fueron los que arrojaron niveles más altos de prolactina en los análisis. ¿Una especie de embarazo por simpatía? Storey los explica: ?Creemos que los niveles hormonales de la mujer dependen de su estado de gestación y los niveles hormonales del hombre dependen de los de su pareja?.

La presencia de la mujer gestante no es el único estímulo para que el instinto paternal aflore. Otros estudios realizados con hombres sin hijos han demostrado que, después de ver durante varios minutos una cinta de vídeo con imágenes de bebés y niños jugando, los niveles de cortisol en sangre se reducen dramáticamente.

Parece evidente que los hombres están biológicamente preparados para ser padres y que dicha preparación natural está escrita en el comportamiento de algunas de sus hormonas. Los científicos saben que la actividad hormonal puede variar en función de cambios ambientales o del comportamiento. El estrés laboral, el flirteo, el deporte… son algunas situaciones que generan modificaciones bio-psicológicas. ¿Por qué no va a suceder lo mismo con una experiencia tan importante para la vida de un ser humano como el nacimiento de un hijo?

Actos propios de la crianza como sostener un bebé, escuchar un llanto o dar un beso a un pequeño no sólo dejan una impronta psicológica en quien los disfruta, sino que tienen su propia repercusión fisiológica. Un experimento clásico para demostrarlo es hacer que voluntarios varones sostengan durante media hora muñecos que llevan puestos pañales que han sido utilizados por bebés. Los niveles de testosterona disminuyen en los casos de los hombres que han mostrado un deseo previo de ser padres. Cuando el experimento se realiza con los propios hijos, la variación en los datos es mucho mayor.

Una revisión parcial y, un poco cínica, de estos datos podría conducir a la conclusión de que la paternidad sofoca la masculinidad del individuo, es decir, los feminiza, mediante el control de la testosterona. Pero los autores de estas investigaciones creen que, al contrario, estos datos demuestran que la masculinidad del género humano reside en otras habilidades más allá de las que su hormona sexual le confiere. Todo el abanico químico del hombre se pone a su disposición en un momento de su vida para que pueda experimentar el rango más amplio de emociones y demostrar que es un buen padre por naturaleza.

¿Para qué sirve un padre?
La importancia de la madre en el desarrollo del niño, desde la lactancia hasta la madurez, ha sido estudiada con profusión. El papel de la mujer es decisivo en la formación de un individuo física y psicológicamente sano. ¿Pero qué papel juega el padre?

Si atendemos a los últimos estudios psicológicos sobre la relación paterno-filial no tenemos más remedio que reconocer que los padres sirven para mucho. Al menos, de ello están convencidos los estudiosos del comportamiento humano que se han dedicado a relatar la cantidad de beneficios que la paternidad aporta a la familia, a los niños, a las esposas y, por supuesto, a los propios padres.

Hemos realizado un repaso a los informes más recientes sobre la salud física y mental de la familia occidental para resumir algunas de las virtudes que tiene ser padre, ser hijo, convivir con un padre o desear tener hijos. La mayoría de los trabajos que han dado lugar a estos resultados son estudios sobre familias voluntarias de todo el mundo a las que se ha seguido la evolución durante un tiempo determinado.

Las estadísticas demuestran que los varones que viven solos presentan mayores riesgos de cometer suicidio que los que viven acompañados. Pero este dato aislado no sería suficiente para establecer ningún beneficio directo de la paternidad. Algunos estudios, sin embargo, sí relacionan la crianza de la prole con un descenso en los casos de ansiedad y estrés, aunque parezca paradójico. Se ha demostrado que los hombres que se involucran más en las tareas cotidianas de educación, cuidado, limpieza y alimentación de sus retoños ofrecen menos niveles de estrés. Quizás porque, todavía hoy, la fuente principal de tensión es el entorno laboral y la crianza exige una concentración extrema en asuntos muy distintos a los que suelen atribular al hombre trabajador.

Algunos psicólogos han detectado cierta influencia del matrimonio en la reducción de los niveles de depresión. Estar casado es, tanto para hombres como para mujeres, una protección contra este mal. Sin embargo, en el caso de la progenitura, las cosas cambian. Uno de los segmentos de población con mayor riesgo de padecer depresión es el de las madres con hijos pequeños, mientras que los padres presentan justo la tendencia contraria.

La paternidad tiene, incluso, un efecto cuasi clínico sobre algunos conflictos personales. Según James Levine, director del Proyecto Paternidad de Manhattan, ?muchos hombres reviven sus experiencias biográficas mientras sus hijos crecen. Un correcto control de las emociones paternales puede conducir al restañamiento de heridas sufridas en la infancia o la juventud por el padre?. Quizás sea éste el motivo que explique por qué muchos hombres se reconcilian emocionalmente con sus padres después de haberlos convertido en abuelos.

Pero, sin duda, los que más se benefician de la presencia de papá son los hijos. Todas las investigaciones demuestran que los progenitores, no importa cuál sea su estado social, cultural o económico, pueden jugar un papel crítico en el desarrollo de sus hijos. Cuando el padre se responsabiliza de la crianza en igualdad de condiciones que la madre, el crío aprende más, disfruta de mayor éxito académico y exhibe un comportamiento más saludable que cuando es sólo la madre la que realiza esa función. Esto tiene efecto incluso en los casos de padres separados que no comparten hogar con sus retoños, pero siguen de cerca su evolución y se preocupan de su cuidado.

Los niños ven en su padre un modelo de conducta y socialización y suelen repetir algunos de los comportamientos extremos (buenos o malos) que perciben a través de ellos.
En el caso de padres que asisten habitualmente a las actividades del colegio de sus hijos y se interesan por el tipo de educación que reciben, se ha demostrado que los críos regresan a casa con calificaciones medias más altas. En el ranking de posibles influencias sobre la vida académica de un niño, la presencia del padre se encuentra a la cabeza junto a la de la madre y por encima de otros factores como la situación económica de la familia, el origen étnico, el nivel académico de los progenitores y el entorno geosocial donde está la escuela.

Los estudios parecen desgranar cuatro aspectos clave en los que la labor del padre se nota más: los niños que reciben el apoyo de papá tienen mejores notas, son menos propensos a suspender cursos, participan en más actividades extracurriculares y se lo pasan mejor en la escuela.

El rango de herramientas que el padre utiliza para ejercer su influjo es inmenso, desde la caricia al bebé, hasta la pelea dialéctica con el adolescente. Se ha demostrado que el contacto físico paterno y materno no sólo refuerza psicológicamente al pequeño sino que tiene efectos positivos sobre su sistema inmune, sobre su capacidad para recuperarse de enfermedades y sobre su resistencia al dolor. Por otro lado, la confrontación paterno-filial de ideas tiene efectos extraordinarios sobre el desarrollo de habilidades dialécticas y cognitivas y sobre el reforzamiento de la autoestima, especialmente en periodos tan críticos para la evolución de la psique del individuo como la pubertad.

Está claro, el padre es un gran invento para la humanidad. ¡Y eso que Sigmund Freud proponía matarlo, aunque sólo fuera simbólicamente!

Fuente: https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/iexiste-el-instinto-paternal

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MENTIROSAS COMPULSIVAS

Leyendo el artículo que pongo a continuación, me doy cuenta de que las personas que denuncian a otra por maltrato o por cualquier otra causa de manera fraudulenta o que simplemente se dedican a difamar a otra ante familiares, amigos, compañeros o trabajadores, también pueden ser mentirosas compulsivas, esclavas de sus propias mentiras y frustraciones. Las leyes actuales están hechas por y para personas con un elevado nivel de frustración y de baja autoestima.

Según este artículo, la mentira es una conducta más común de lo que podemos pensar.

En muchas ocasiones, las personas recurren a la mentira para lograr una ficticia cobertura psicológica, evitar un problema o salir de una situación. La mentira siempre tiene consecuencias negativas, y es más, en algunas ocasiones puede llegar a convertirse en un verdadero problema.

Cuando la mentira se convierte en una conducta que domina a la persona, este es el caso de los mentirosos compulsivos, nos encontramos con un trastorno psicológico, que se caracteriza por una especie de adicción a las mentiras. Las personas que mienten de manera compulsiva entran en una rueda de mentiras que les acarrea importantes problemas y de la que es difícil salir..

El peligro de mentir de forma habitual 1. Cuando mentir se convierte en una conducta habitual, que no se puede evitar, puede traer graves consecuencias y convertirse en un trastorno psicológico conocido como mitomanía o mentirosos compulsivos. 2. En estos casos, la mentira se convierte en una conducta adictiva, que genera aparentes beneficios que hacen complicado salir del círculo de la mentira.

 

La conducta de mentir

La mentira es una conducta que forma parte del repertorio de las personas. Son muchas las ocasiones en las que las personas escogen mentir. La mentira aparece de modo espontaneo e incluso indefenso, mentimos para evitar algún reproche o consecuencia negativa, como cuando llegamos tarde a una cita u olvidamos entregar un trabajo. Estas mentiras aparentemente inocentes, esconden un gran peligro. La mentira proporciona un beneficio espontaneo y de esta manera se refuerza la conducta, entrando así en el círculo de la mentira. Entrar en el hábito de mentir es relativamente sencillo, pero salir es complicado.

La mentira patológica

Aunque puede parecer que mentir aporta beneficios inmediatos, toda mentira acarrea consecuencias negativas. Al mentir evitamos enfrentar la realidad, nos escondemos de ella. No es bueno entrar en el círculo de las mentiras, cuando la conducta de mentir se convierte en un hábito, se generaliza y se convierte en una conducta patológica con graves consecuencias para el mentiroso.

¿Cómo se convierte la mentira en patológica?

La mentira se convierte en patológica cuando se va reforzando. Poco a poco, se va usando la mentira para salir de problemas, para evitar reproches y enmascarar la realidad, la mentira proporciona una ficticia cobertura. Poco a poco, las mentiras empiezan a generalizarse, en un principio ha resultado útil para evitar problemas o conflictos y al usarla la persona descubre que puede inventar una realidad que le proporciona un soporte a su autoestima.
Mentir supone inventar una realidad y ocultar unos problemas, la realidad inventada es más interesante, más llamativa. De este modo, las mentiras se convierten en una conducta compulsiva que ayudan a ocultar los problemas, que permiten presentar una imagen más llamativa.

Los mentirosos compulsivos, el significado de las mentiras compulsivas

Los mentirosos compulsivos son los que han comenzado a generalizar la mentira, les resulta más fácil mentir que decir la verdad. De este modo, pueden crear su propia realidad y evitan mostrar esa realidad que para ellos duele. Se convierten así en adictos a las mentiras, buscan constantemente ese refuerzo falso que supone para su autoestima. Pero este refuerzo, no es tal, ya que no enfrentarse a la realidad solo nos introduce más profundamente en el problema. Y cada vez es más difícil escapar del mismo ya que dejar de mentir supone asumir esa realidad de la que se huye.

¿Cuáles son los aparentes beneficios de la mentira?

La mentira aporta a priori unos beneficios aparentes, estos beneficios ocurren de manera inmediata y contingente a la conducta y por eso la refuerzan. Pero lo único que se consigue es huir del problema y, de este modo, incrementarlo. Entre los aparentes beneficios de la mentira, podemos señalar los siguientes:

  1. Se escapa de un problema o conflicto, se evita una consecuencia negativa.
  2. Se evitan reproches o recriminaciones y se
    consigue, por el contrario, comprensión y apoyo.
  3. A través de la mentira es posible ocultar los propios defectos, aquello que avergüenza a la persona.
  4. Con las mentiras se consigue ofrecer una imagen más llamativa, una imagen idealizada, perfecta y reestructurada.
  5. Con la mentira se consigue una aparente y ficticia protección de la autoestima

Consecuencias de las mentiras compulsivas

Cuando mentir se convierte en una adicción, de la que es complicado salir, son muchas las consecuencias negativas que conlleva. La mentira es huir del problema, no enfrentarse a él e incrementarlo. Consecuencias negativas de las mentiras compulsivas: – Mentir supone encubrir el problema, pero no enfrentarse al mismo.

Por lo tanto el problema no se soluciona y continúa existiendo, probablemente aumentando.

  • Se genera una adicción y el mentiroso comienza a mentir sin razón.

  • La autoestima aunque aparentemente quede protegida ante las mentiras de un yo ideal, se resiente, y poco a poco se va minando. Mentir no supone un aumento de la autoestima sino ocultar aquello que no nos gusta.

  • Posible aislamiento social, problemas laborales y familiares. Las mentiras poco a poco son descubiertas por los demás, y eso acarrea lógicamente problemas sociales.

Síntomas de la adicción a las mentiras ¿Cuándo debemos alertarnos de la presencia de esta adicción?

Algunos síntomas que nos deben poner alerta:

  • Dificultad para decir la verdad, incluso en situaciones en las que la  mentira no tiene sentido, es decir ésta no sirve para obtener algún beneficio.
  • Reiteradas mentiras sobre la propia persona o sobre la propia vida.
  • Mentiras usadas para llamar la atención, obtener simpatías, sentirse interesante, superior, etc
  • En ocasiones, llegan a creerse sus propias mentiras.
  • Les cuesta vivir en la realidad, cambian de trabajo, de relaciones, de amigos, etc…de manera constante.

Consejos para prevenir la mentira patológica

Las mentiras compulsivas pueden convertirse en un trastorno grave con importantes consecuencias para el bienestar y para la vida de la persona. Es importante prevenir y tratar esta adicción a las mentiras.

  1. Analiza el origen de las mentiras. Es una labor personal, que ha de hacer aquel que padece la adicción, buscar el patrón que las origina: si se trata de una baja autoestima, si se trata de necesidad de aprobación, etc.

  2. Haz un diario de mentiras donde anotes cuando mientes, por qué lo haces, a quién mientes, como te sientes, etc. de esta forma obtendrás una radiografía completa de tu conducta y podrás comprobar hasta qué punto te afectan.

  3. Trata de controlar tu impulso, pide ayuda si es necesario, es mejor que digas que no quieres hablar de algo a que empieces a mentir.

  4. Antes de mentir piensa si realmente lo necesitas, si realmente te hace feliz, si realmente va a cambiar tu vida.
  5. Evita personas que te fomenten la adicción.
  6. Cultiva otros aspectos de tu vida.
  7. Desarrolla tu autoestima.
  8. Empieza a decir la verdad poco a poco.

Fuente: http://www.hacerfamilia.com/psicologia/noticia-mentira-patologica-consejos-mentirosos-compulsivos-20151014131729.html

Rasgos del hombre maltratado

Blanca Escaño

Hablar de maltrato y/o violencia doméstica hoy en día es poner el piloto automático para que nuestra mente piense en mujeres maltratadas y hombres maltratadores. Sin embargo, aunque las estadísticas indican que los casos de hombres maltratados son menores, el maltrato hacia los hombres existe y se está convirtiendo en un grave problema.

  • Estas son algunas señales de alarma indicativas de que un hombre está siendo maltratado por su mujer:

–La mujer lo llama constantemente todo el tiempo e insiste hasta que él la atiendo. Cuando lo hace, comienza a cuestionarle porque no la atendió antes, qué estaba haciendo, con quién está, etc

– Ella es sumamente celosa y posesiva. Sus celos son evidentemente enfermizos
– Ella pretende saber donde está él siempre y seguir todos sus movimientos y se descompensa si algo se le escapa. Ella siempre tiene que tener el control.
– Ella con frecuencia recurre al maltrato psicológico y verbal para disminuirlo,  hacerlo sentir inferior y tener el control.
– Para controlarlo y castigarlo, lo manipula con el sexo. Está dispuesta cuando pretende conseguir algo a cambio de él y se niega como forma de castigarlo, de ponerlo en penitencia por algo que ella considera hizo mal.
– Nunca le gustan los amigos, compañeros de trabajo, ni su familia, lenta y progresivamente lo va separando y aislando de su entorno social.
– La justificación a todos su actos posesivos y celos injustificados es que lo ama demasiado, como nadie lo podrá amar jamás.
– Ella lo culpa de todo lo que va mal en la pareja y en la vida de ambos.

El maltrato y la violencia doméstica como se sabe, no se limita únicamente a la física, hay una psicológica y verbal que muchas veces es mucho más dañina y hace grandes estragos en la psique de quien la padece a largo plazo.

Los hombres maltratados sienten miedo a denunciar por temor a ser objeto de burla por parte de las autoridades e incluso de sus familiares, por este hecho permanecen en situaciones abusivas, sufriendo en silencio. También hay que añadir que existen casos de relaciones tóxicas que terminan convirtiéndose en un círculo vicioso llegando a ser una relación dependiente de la que son incapaces de salir.

¿Por qué es tan difícil para el hombre salir del círculo de la violencia?

  • Por miedo a no ver más a sus hijos o a lo que ella les pudiera hacer como venganza si el se aleja.
  • Por prejuicios, por miedo al qué dirán, ya que es muy raro que se le crea a un hombre que es víctima de violencia doméstica.
  • Porque asume que tiene culpa, cree ser merecedor del maltrato.
  • Porque depende emocionalmente de la mujer que lo maltrata.

Tanto en la violencia ejercida por el hombre o la mujer, hay un origen común que se asocia con el control, con el poder, con el sentirse dueño de la vida del otro. Ya sea maltrato físico, psicológico y/o verbal (en el maltrato ejercido por la mujer es más común el psicológico y verbal), es importante buscar ayuda y salir de esa relación enfermiza. Aunque desgraciadamente hoy en día sólo existen teléfonos de ayuda para la mujer maltratada y todo un protocolo sanitario, social y judicial dedicado exclusivamente a ello, no debe de ser óbice para buscar a alguien de entera confianza (familia, amigos, servicios sociales e incluso al médico de familia o un psicólogo) que le ayude. Hay que tener en cuenta que un médico siempre va a escuchar y no puede arriesgarse a que suceda algo malo al paciente.

 

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Andropausia

Normalmente hablamos del envejecimiento de la mujer, proceso conocido como Menopausia y de los problemas psicológicos que pueden producirnos. Pero los hombres también padecen este tipo de trastorno, que se conoce con el nombre de Andropausia.

En este artículo podéis informaros al respecto. Al final, no somos tan diferentes. Como todo ser humano, ellos también sufren.

Andropausia: Descripción, síntomas, diagnóstico y tratamiento.

Por Amalia Rossi – 12 Abril, 2010
A la hora del diagnóstico es muy importante, en primer lugar, tomar en cuenta que, a muchos hombres les cuesta enormemente admitir que hay un problema, y mucho más aceptar que está vinculado directamente con sus hormonas masculinas, en algunos casos ni siquiera el profesional médico repara en que los síntomas pueden deberse a los bajos niveles de testosterona.

En los últimos años se ha comenzado a instalar en la opinión pública un nuevo concepto vinculado al proceso de envejecimiento masculino; la andropausia.
Aunque no se considera a esta denominación del todo correcta, parece haber sido aceptada por el ámbito académico para definir una caída del nivel hormonal masculino que puede ser comparada con los trastornos hormonales que sufre la mujer y que todos conocemos como menopausia.

La andropausia parece ser una revelación de la medicina en los últimos años pero no lo es, desde los años 40 encontramos en la literatura médica capítulos que describen este fenómeno.
Lo que sí es más nuevo es la capacidad de evaluación, es más, este trastorno ha sido mal diagnosticado y en consecuencia mal tratado durante muchos años, el aumento de la expectativa de vida en los hombres ha llevado a la medicina a estudiar, evaluar y tratar este trastorno para poder así mejorar la calidad de vida en esta etapa.
Entre los 40 y 50 años de edad, aproximadamente, los hombres pueden sufrir trastornos similares a los que presentan las mujeres durante la menopausia
En las mujeres, los síntomas que anuncian la llegada de la menopausia son, generalmente, claros y definidos, como por ejemplo el cese de la menstruación, en cambio en los hombres las manifestaciones no son tan claras, lo cual presenta dificultades a la hora de realizar un diagnóstico correcto. Si es cierto que en los dos casos se trata de una caída en los niveles de hormonas, estrógenos en la mujer y testosterona en el hombre.
En el hombre la testosterona comienza a disminuir a los 30 años, mientras que la SHBG (Globulina Transportadora de la Hormona Sexual) aumenta y, como su función es atrapar gran parte de la testosterona que circula, le impide a la misma cumplir su función en los tejidos del cuerpo, mientras que la testosterona que permanece cumple con la función que beneficia al cuerpo, la andropausia tiene que ver con niveles bajos en este último caudal de testosterona.
Todos los hombres sufren una caída en esos niveles de testosterona, en los aquellos en los cuales los niveles son más bajos pueden aparecer síntomas de andropausia. Aproximadamente un 30% de los hombres de 50 años tienen posibilidades de sufrir descensos pronunciados en sus niveles de testosterona, lo que sin duda, alterará su calidad de vida.
Los síntomas
– Depresión
– Pérdida de masa muscular
– Perdida de vello genital
– Dificultades sexuales
– Alteraciones del sueño
– Disminución de la libido
– Manos y pies fríos
– Ganas de llorar, irritabilidad
– Sudoración, estreñimiento, hormigueo en las extremidades.

 A partir de la llamada crisis de los 50, se comienzan a producir cambios, como perdida de vigor fisco, dolores musculares y óseos, baja en el deseo sexual, depresión, insomnio, cambio en el humor, etc. Una serie de factores ambientales, psíquicos y sociales influyen en la manifestación e intensificación de esos síntomas. La vida laboral concluye, y puede aparecer la depresión post- retiro, se da también una baja en la actividad social, cambios familiares, como el abandono del hogar paterno por parte de los hijos
Si tomamos en cuenta que todo esto sucede en una etapa de la vida de cuestionamiento para los hombres, se hace difícil advertir si los síntomas anteriormente mencionados tienen que ver con el exterior o hay alguna causa física que los provoca o intensifica.
A la hora del diagnóstico es muy importante, en primer lugar, tener presente que a muchos hombres les cuesta enormemente admitir que hay un problema, y mucho más aceptar que está vinculado directamente con sus hormonas masculinas, en algunos casos ni siquiera el profesional médico toma en cuenta que los síntomas pueden deberse a los bajos niveles de testosterona. En los últimos años la situación ha cambiado, los investigadores médicos están mostrando más interés en el proceso de envejecimiento masculino y sus consecuencias, e intentan dinamizar la investigación y la comunicación de los nuevos hallazgos en la materia a la comunidad médica.

Tratamiento
A la hora de tratar la andropausia existe coincidencia en que es necesario reponer el faltante de testosterona que puede ser administrada por vía oral, por inyecciones intramusculares o mediante la aplicación de un gel en hombros o abdomen, este último método es el que más se acerca al proceso fisiológico natural.
Antes y durante el tratamiento de remplazo hormonal es imperioso vigilar la próstata y no debe administrarse testosterona a pacientes con tumores prostáticos o agrandamiento de próstata.
Recomendaciones
Para finalizar les dejamos un aserie de recomendaciones que ayudan a llevar esta etapa de mejor manera y complementan una eventual terapia hormonal
Es importante mantener la actividad sexual, está comprobado que tiene un efecto beneficioso sobre la erección, ya que capacidad de erección cambia con la edad pero no desparece, ningún hombre es demasiado mayor para consultar un problema de disfunción eréctil, es fundamental no renunciar a la vida sexual.

– Aliviar el stress ayuda mucho por ejemplo mediante la práctica de deportes
– Compartir el “problema” con la pareja, ya que puede ser parte activa en la          solución del mismo, y con amigos o grupos de la misma edad que puedan estar padeciendo síntomas similares
– Es muy importante cuidar la alimentación y las horas de descanso
– Disminuir o evitar el consumo de cafeína y alcohol

El Síndrome de Medea

Los medios de comunicación en su afán de generar alarma social en contra del hombre como padre, en el momento de informar sobre el asesinato que ejerce un padre sobre su hijo siempre aluden a la violencia machista, muy al contrario que si el hecho es cometido por una mujer. En este caso, bien optan por omitir la noticia o por exculparla, alegando algún tipo de trastorno mental, discusión con la pareja e incluso haber sufrido maltrato.

Sin embargo, este tipo de actos tan atroces y que son cometidos tanto por un hombre como por una mujer hacia sus hijos tiene un nombre: Síndrome de Medea, que proviene de la antigua mitología griega en la que una madre, a modo de venganza contra su pareja mata a sus hijos o deja que un peligro mortal  les llegue. Aunque no es una regla exacta, generalmente la madre mata a niños pequeños, mientras que el padre mata a los hijos adolescentes o adultos.

Muchas personas utilizan a sus hijos como instrumento de venganza hacia sus parejas llegando al punto de matar a sus propios hijos o a los de sus parejas, suicidándose por regla general, después.

Los motivos que les llevan a tan espeluznantes actos son variados, pero los más habituales son la venganza hacia el otro cónyuge, el odio que sienten hacia él o ella, la excusa de evitar un mal mayor a los hijos, e incluso, el evitar la custodia de los hijos o la ejecución de la patria potestad.

Con el nombre de síndrome de Medea se engloban otros motivos además de la venganza conyugal, por los cuales la persona justifica asesinar a sus hijos. Hartazgo, odio o repulsión hacia ellos, proyección de la pareja o de alguien a quien odian, n defecto físico o discapacidad, incapacidad de tener empatía hacia los hijos, el carácter de los propios hijos o incluso su hiperactividad, o la incompetencia del padre o madre.

No existe una cura contra el síndrome de Medea, lo más que se puede hacer es que la persona reciba terapia cuando comience a sentir resentimiento o repulsión hacia los hijos o cuando tenga problemas con la pareja, para que no enfoque su odio o venganza en sus hijos.

Blanca Escaño.

 

 

 

 

 

Conflicto de Lealtades

Cuando se produce una ruptura de pareja con conflicto de por medio, no es difícil que los hijos se vean en la necesidad de asegurarse el cariño de al menos uno de los padres.

La separación es siempre dolorosa para las partes, y no digamos para los niños, que en ocasiones, reaccionan con un sentimiento de abandono respecto del progenitor que se va y con un intenso sentimiento de apego hacia el progenitor que se queda, si bien, no alcanzan a entender los motivos de la ruptura.

Esta necesidad de protección hace que cuando uno de los padres pretende conseguir el apoyo incondicional de los hijos, estos se vean envueltos en un conflicto interior llamado conflicto de lealtades. Es decir, cuando reciben presiones para acercarse a una u otra posición (materna o paterna), si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores, pero si lo hacen para buscar mayor protección, sentirán que traicionan a uno de los dos.

El conflicto de lealtades fue descrito inicialmente por Borszomengy-Nagy en 1973 definiéndolo como una dinámica familiar en la que la lealtad hacia uno de los padres implica deslealtad hacia el otro. El resultado puede ser resumido en que el hijo tiene que asumir incondicionalmente su lealtad hacia uno de los progenitores en detrimento del otro”.

El doble vínculo fue expuesto por Bateson, Jackson, Haley y Weakland en 1956 para entender la estructuración de los mensajes en las familias de esquizofrénicos. Este término puede aplicarse a determinadas situaciones relativas a las rupturas conflictivas. El mensaje verbal explícito “tienes que ver a papá” se contradice con otro implícito, de “no lo veas”. Para el niño está en juego el miedo a la pérdida de afecto.

La triangulación, definida por Bowen en 1998, describe que cuando existe un conflicto entre dos personas, este puede ser enmascarado al generarse un conflicto entre uno de los dos y un tercero. Cuando aparece el rechazo parece que el conflicto entre los padres queda en segundo plano, aunque en realidad lo utilizarán para seguir acusándose mutuamente.

En la triangulación manipuladora el niño recibe mensajes contradictorios que le generan desconcierto y angustia básica.

El cisma marital Lidz (años 60) se definió como el efecto a largo plazo .Cada uno de los miembros de la pareja se dedica a desprestigiar al otro delante de los hijos, creándose dos bandos familiares enfrentados, en los que los niños participan activamente.

En cualquier caso, los efectos del divorcio sobre los hijos, en muchos casos, desemboca en la consideración de los niños como una riña entre dos bandos, donde el más poderoso gana el derecho a permanecer en el hogar. En determinados momentos apoyan a uno u otro. Aunque los padres traten de que los hijos no tomen partido, éstos sienten que deben hacerlo, experimentando gran desasosiego cuando lo hacen para sentirse más protegidos, porque sienten que están traicionando a uno de los dos. Si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores, convirtiéndose en un problema sin solución. Uno de los extremos de esta problemática es el llamado “Síndrome de Medea”. Se trata de padres que dejan de percibir que los hijos tienen sus propias necesidades y comienzan a pensar que son una prolongación de ellos mismos. Puede llegarse al extremo de utilizar al niño como venganza o que la ira impulse a uno de los padres a secuestrar al hijo.

En 1988 Johnston y Campbell comienzan a utilizar el término alienamiento para referirse a las preferencias hacia uno de los progenitores que inevitablemente alejan a los hijos del otro. Lampel, en 1996 encontró niveles de rigidez, defensividad y represión en ambos padres, panteando que los hijos tienden a linearse con el que consideran y sienten más abierto, capaz y solucionador de problemas.

Existe asimismo un estudio de Buchanan con adolescentes en el que se encuentran  con que los altos niveles de conflicto y hostilidad entre los padres, así como una baja autoestima cooperativa predicen este estado en los hijos.  Cuando un conflicto es extremadamente intenso entre los progenitores altera la interacción familiar, de manera que los hijos se sienten temerosos por el hecho de tener una relación estrecha con uno de los padres y el efecto que puede provocar en el otro.

Según estudios, parece ser que son los niños varones los que tienen mayor posibilidad de verse implicados en conflictos de lealtades.

Ignacio González Sarrió (Perito Forense)

 

 

 

 

 

La detención en los casos de violencia de genero

A continuación reproduzco algunas reflexiones realizadas por el Ilmo. Sr. D. Francisco Manuel Gutiérrez Romero. Magistrado del Juzgado de Violencia sobre la Mujer núm. 2 de Sevilla, con respecto a la detención en los casos de violencia de genero que considero de gran interés. Dichas reflexiones datan de 2010.

 I. Introducción

Resulta cada vez mas frecuente la incoación de atestados policiales por actos de violencia de género y la consiguiente detención del presunto agresor, sin llegar a practicar las diligencias mínimas necesarias para el esclarecimiento de los hechos y la participación en él de la persona denunciada. En efecto, a diferencia de cualquier otro delito o infracción penal donde se lleva a cabo una auténtica «instrucción policial» con numerosas diligencias (declaraciones de vecinos, tasaciones periciales, exploración de menores, inspección ocular, registro de antecedentes penales…), en los supuestos de violencia en el  familiar y, en concreto, la ejercida sobre la mujer que es o ha sido esposa o pareja del denunciado, la instrucción en el ambito policial resulta mínima en muchas ocasiones, y siguiendo un protocolo de actuación se procede, casi de inmediato y en muchas ocasiones, sin valorar las diligencias practicadas, a la detención del presunto agresor, obviando los criterios y presupuestos previstos en nuestra normativa procesal penal para llevar a cabo la detención y, fundamentalmente, olvidando que la detención no es la única medida para la protección de la victima, sino que constituye una medida cautelar que debe adoptarse en última ratio cuando la peligrosidad o violencia del autor de los hechos así lo aconsejen. En las presentes lineas pretendo, sin animo de caer en ningún tipo de generalización, ni tampoco de considerar que se trata de una practica habitual, poner de relieve los presupuestos necesarios que entiendo que deben concurrir para la detención de cualquier persona, incluyendo a quien se le impute un delito de violencia de género, realizando algunas reflexiones sobre la forma de proceder en estos supuestos.

Por ello, no es otra mi finalidad que atender a criterios jurídicos, y dejar a un lado la famosa «alarma social» que en muchas ocasiones, de forma contraria a lo dispuesto por nuestro Tribunal Constitucional, se utiliza en este tipo de detenciones en aras de evitar un perjuicio a la victima y desconociendo las normas mas elementales que deben presidir toda actuación policial, que se entiende debe ser especializada en esta materia.

 II.  La detención 

Bajo este epígrafe trataremos, de forma muy escueta y clara, de fijar los conceptos básicos que hemos de tener presente en el estudio de la detención bajo los parámetros de nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal, así como el órgano judicial que ha de conocer y, por ende, resolver la situación personal de la persona detenida, haciendo hincapié en las especialidades de los juzgados de violencia sobre la mujer.

La Policia trabaja para evitar este tipo de acontecimientos

 

 

 

 

 

 

Concepto: La detención no es otra cosa que la privación de libertad de una persona de forma justificada y por cualquiera de las causas previstas en nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal. La detención implica una limitación funcional, pudiendo llevarse a cabo sin violencia o intimidación.

Naturaleza jurídica:  Nos encontramos ante una medida cautelar de carácter personal que tiene por finalidad evitar la comisión de una infracción penal, o bien la presentación ante la autoridad judicial de una persona que se encuentre fugada o bien en rebeldía (busca y captura).

La detención se regula en el Capitulo II, Titulo VI , Libro II de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim), que lleva por rubrica «Del sumario» (es el procedimiento ordinario en nuestra legislación procesal penal).

El principio básico que rige nuestro Derecho procesal penal en materia de detención es el principio de legalidad, previsto en el articulo 489 LECrim, a cuyo tenor: «Ningún español ni extranjero podrá ser detenido sino en los casos y en la forma que las leyes prescriban».

En los supuestos de actos de violencia de género, existen algunas especialidades en cuanto al órgano competente para resolver la situación personal del detenido, atendiendo al hecho de que se trate de partidos judiciales donde existan juzgados de violencia sobre la mujer en funciones de guardia o bien en los casos donde no existen juzgados exclusivos, sino compartidos en función de que los detenidos sean presentados fuera de las horas de audiencia. En tales supuestos, el detenido, si lo hubiere, habrá de ser puesto a disposición del juzgado de instrucción de guardia, a los solos efectos de regularizar su situación personal, cuando no sea posible la presentación ante el juzgado de violencia sobre la mujer que resulte competente.

De una parte, una interpretación restrictiva y literal obliga a que los detenidos sean puestos a disposición del juzgado de guardia, siempre y cuando no sea posible su presentación ante el juzgado de violencia sobre la mujer, lo cual ocurrirá cuando la puesta a disposición se realice fueras de horas de audiencia, a saber, después de las 14:00 horas (artículos 186 y siguientes de la LOPJ y articulos 10 y siguientes del Reglamento 1/2005, de 15 de septiembre, de los aspectos accesorios de las actuaciones judiciales), y siempre de lunes a viernes, dado que sábado y domingo son inhábiles a efectos procesales (articulo 182 de la LO 19/2003, de 23 de diciembre, de modificación de la LOPJ 6/1985). Por tanto, siempre que exista detenido o bien solicitud de orden de protección y nos encontremos fuera de las horas de audiencia, sera el juez de guardia el competente para resolver sobre la situación personal de quienes sean detenidos por su presunta participación en delitos cuya instrucción sea competencia de los juzgados de violencia sobre la mujer y la resolución de las solicitudes de adopción de órdenes de protección de las victimas de los mismos; en estos términos se expresa el articulo 40.4 del Reglamento 5/1995 de Aspectos Accesorios de las Actuaciones Judiciales, tras la modificación reciente llevada a cabo por el acuerdo reglamentario 1/2005, de 27 de abril, del Pleno del Poder Judicial.

Esta primera opción de organización interna de los juzgados de violencia respecto de los juzgados de instrucción de guardia ordinaria resulta fácilmente aplicable en aquellos partidos judiciales donde estos nuevos juzgados han sido creados , asumiendo única y exclusivamente las competencias que le atribuye el adicionado articulo 87 ter LOPJ. En efecto, es comprensible que estos juzgados que no tienen otro tipo de señalamientos y vistas que las comprendidas en esta materia, tanto civil como penal, puedan adaptar su agenda de señalamientos a la posibilidad de que de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 le pueda ser presentado un detenido o, por el contrario, solicitada una orden de protección.

Ahora bien, esta forma de organización competencial interna no es de tan fácil cumplimiento en aquellos otros partidos judiciales donde el conocimiento de los asuntos referidos en el articulo 87 ter LOPJ corresponda a uno de los juzgados de primera instancia e instrucción, o de instrucción en su caso, compatibilizándolo con el resto de materias ordinarias. En este sentido, cobra fuerza la segunda de las interpretaciones posibles antes referidas y que han sido objeto de discusión en muchas de las junta de jueces de dichos partidos, consistente en que sera en todo caso el juez de guardia el que deba resolver sobre la situación personal del detenido y, en su caso, sobre la adopción de la orden de protección, aun cuando aquél se presente y ésta se solicite en horas de audiencia del juzgado competente para conocer de violencia de género.

El fundamento de esta opción interpretativa, si bien resulta legalmente difícil de encajar, desde el punto de vista practico y efectivo goza de importantes ventajas.

 III. protocolos de actuación en los casos de violencia de género: contenido y critica

El principio de especialización y coordinación entre las diversas instituciones que recoge el articulo 2 de la LO 1/2004 tiene su reflejo legal en el articulo 31 de la citada norma. Dicho precepto prevé la creación de unidades especializadas en la prevención de la violencia de género y en el control de las medidas judiciales adoptadas, estableciendo la necesaria colaboración de la policía local.

Ahora bien, la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad habrá de tener en cuenta el Protocolo de Actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de Coordinación con los “órganos Judiciales para la protección de la violencia doméstica y de género.

Pues bien, en este sentido, debemos aludir al Protocolo de Actuación de las de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de Coordinación con los í“rganos Judiciales para la protección de la violencia doméstica y de género, aprobado en fecha 28 de junio de 2005, donde se alude expresamente a los supuestos de detención por delitos de violencia de género.

En efecto, bajo la rubrica «Detención del responsable por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad», se recogen unos criterios que debe tomar en consideración dichos agentes de la autoridad para proceder a la detención del supuesto agresor por delitos relacionados con la violencia de género.

En concreto, el citado Protocolo establece que: «En caso de incumplimiento doloso por el imputado de la medida de alejamiento, se produce un incremento objetivo de la situación de riesgo para la victima, por lo que se procederá a la inmediata detención del infractor, tanto en los casos del articulo 468 CP, como en los supuestos previstos por los artículos 153.3 CP (lesión, maltrato de obra o amenazas con armas o instrumentos peligrosos quebrantando el alejamiento), 173.2, párrafo 2° CP (delito de violencia habitual quebrantando el alejamiento), 171.4 y 5 CP (delito de amenazas leves quebrantando el alejamiento) y 172.2 CP (delito de coacciones leves quebrantando el alejamiento).

Posteriormente, el detenido sera puesto a disposición judicial de forma urgente, acompañado del correspondiente atestado. Esta actuación se comunicara al Ministerio Fiscal».

Resulta evidente que el contenido del Protocolo se esta refiriendo a los supuestos de incumplimiento doloso por parte del denunciado de una resolución judicial, en este caso, una orden de alejamiento, que viene acompañado de la comisión de cualquier delito relacionado con la violencia de género: lesiones, amenazas, coacciones y maltrato habitual.

Ahora bien, una lectura detallada y exhaustiva del citado documento permite realizar algunas consideraciones de interés.

En primer término, se alude a la detención y posterior puesta a disposición judicial del presunto agresor únicamente en los supuestos de que los delitos se hubieren cometido quebrantando una medida cautelar, por entender que supone un incremento de la situación objetiva de riesgo. Por tanto, se delimita claramente los supuestos en los que procede dicha detención, sin que los mismos se extienda a la mera comisión de cualquiera de estos delitos, si con ello no se produce una vulneración o quebrantamiento de una medida de alejamiento, ni se pone en peligro la vida o integridad física de la victima. 

Las detenciones por violencia de genero son cada vez mas numerosas

 

 

En segundo término, el incumplimiento debe ser doloso, por tanto, quedarían excluidos aquellos supuestos en los que el presunto agresor vuelve a convivir con su esposa o pareja, o con la persona que hubiere tenido dicha relación de afectividad, pues en tales supuestos, sin perjuicio de que el consentimiento de la victima no excluya la punibilidad y, por ende, que pueda ser constitutivo de un delito de quebrantamiento, realmente no existe esa situación de riesgo que haga necesaria la protección de la victima a través de la detención de su marido o pareja o ex marido o ex pareja. Del mismo modo, tampoco podrían tener cabida en estos supuestos los casos en los que el imputado se ha encontrado casualmente con la victima sin llegar a cometerse ningún acto de violencia de género (lesiones, amenazas, injurias…).

En tercer término, el Protocolo tan sólo alude al quebrantamiento de una medida de alejamiento, sin hacer referencia alguna a la posibilidad de que existiera una pena firme de alejamiento que  igualmente pudiera quebrantarse cometiendo algunos de estos hechos delictivos.

En definitiva, resulta necesario, pues, distinguir, por un lado, la detención preventiva de cualquier persona, y, de otro lado, la puesta a disposición judicial del detenido.

En efecto, ya hemos visto que en los casos de violencia de género, como en cualquier otro delito, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben actuar bajo el amparo de lo establecido en el articulo 492.4 de la LECrim, precepto que impone la obligación de detener al que todavía no se hallase procesado, con tal que concurran las dos circunstancias siguientes: a) que la autoridad o agente tenga motivos racionales bastantes para creer en la existencia de un hecho que presente los caracteres de delito; y b) que los tenga también bastantes para creer que la persona a quien intente detener tuvo participación en él.

Por tanto, si una vez practicadas las diligencias necesarias para acreditar la participación del denunciado en los hechos relatados en la denuncia, y siempre y cuando exista realmente una verdadera situación de riesgo que haga necesaria la protección de la victima, estaría justificada la detención y posterior puesta a disposición judicial del detenido. No obstante lo anterior, cuando los agentes de la autoridad proceden a la detención del denunciado y una vez practicadas las diligencias de investigación necesarias o mínimas resultaran dudas sobre la forma de ocurrencia de los hechos o ni siquiera la victima desea continuar o presentar la denuncia, debería aplicarse lo dispuesto en el articulo 496 LECrim, procediendo a su puesta en libertad y citación ante el órgano judicial competente.

  •  N.º de femicidios: 55. Todos a manos de parejas masculinas. Descenso del 27% respecto de 2008 (75).
  •  Edades: casi el 50% menores de 35 (grafico).
  •  Relación personal: en un 54,54% existía o había existido vinculo matrimonial.
  •  Nacionalidad: extranjera en un 38%. Sobrerrepresentación, ya que del total de la población femenina, un 11,14% es extranjera
  •  Lugar de los hechos: comunidad autónoma mas castigada, Andalucía, y, por provincias, Barcelona.
  •  Distribución según número de población: mayor porcentaje (25, 45%) en poblaciones entre 10.000-25.000 habitantes. Si se toma en cuenta la población femenina mayor de 15 años, pasa del tercer al primer término (32,73%), el grupo de poblaciones de menos de 5.500 habitantes.
  •  Distribución mensual y semanal: mayo (8), septiembre y octubre (7), y junio, julio y agosto (6). Lunes y viernes, días peores.
  •  Modus operandi: el 70% en el domicilio (común, de la victima o del agresor). El arma blanca (35%) seguida del arma de fuego (18%) son los métodos mas empleados.
  •  Actuación del agresor tras los hechos: un 24% se suicidó, un 20% se entregó a la policía y un 39% fue detenido seguidamente.

 

No se trata de restringir la libertad de una persona por la simple concurrencia de indicios de comisión de un delito, sino que resulta necesario acreditar su participación en él con la suficiente gravedad que aconsejen la adopción de esta medida cautelar, pues de lo contrario una detención que inicialmente pudiera estar justificada deviene innecesaria tras la practica de diligencias posteriores, lo que aconseja su puesta en libertad y la presentación ante el juzgado de guardia.

En tal sentido, se expresa la SAP Ciudad Real de fecha 13 de diciembre de 2006, a cuyo tenor: «la ilegalidad de la detención ha de venir referida fundamentalmente a la inexistencia de supuestos que la justifiquen, lo que ha de ser entendido con criterios de racionalidad y de ponderación, sin tratar de llevar a este estadio preliminar y antejudicial el rigor y la técnica enjuiciadora de los hechos que el juez o tribunal pondrá a contribución al término del procedimiento, con vistas al material probatorio de que disponga».

 IV. Conclusiones

Llegado ese punto, deviene forzoso realizar algunas reflexiones criticas y constructivas del modo de proceder en la instrucción policial de los delitos de violencia de género.

Si bien es cierto que la mayoría de estas infracciones penales se producen en la intimidad del hogar familiar, sin concurrencia de testigos o prueba alguna que permita acreditar la realidad de los hechos, no es menos que resulta ajustado a derecho la ponderación y valoración de las circunstancias de riesgo para la victima a la hora de proceder a la detención del presunto agresor.  Es decir, en muchas ocasiones sera suficiente con la inmediata detención, y una vez iniciado el atestado policial y tras la practica de algunas diligencias imprescindibles para valorar la peligrosidad o violencia del detenido (antecedentes penales, situación personal, residencia en domicilios distintos, gravedad de los hechos producidos, procedimientos penales previos en tramite…), proceder a la puesta en libertad del detenido con citación ante el juzgado de guardia competente, o bien, su presentación ante el órgano judicial.

Al igual que, por el contrario, cuando la victima acuda a las dependencias policiales para interponer una denuncia y solicitar alguna medida cautelar, si la gravedad de los hechos relatados, una vez existan indicios de su comisión y participación en los mismos del imputado, puede devenir necesaria la detención del presunto agresor y su puesta a disposición judicial.

En cualquier caso, lo que no resulta proporcional y mas bien goza de cierto automatismo «viciado en su origen» es proceder a la detención de un individuo por la simple comisión de algunos de los delitos relacionados con la violencia de género (amenazas, coacciones, lesiones…), sin practicar diligencia alguna que acredite no sólo la comisión de dicha infracción, sino también el peligro real que la libertad de dicha persona puede suponer en aras a la protección de la victima.

En definitiva, no debe obviarse que la detención siempre estará justificada cuando se trate de una situación de relevancia penal mas allá de los conflictos familiares que suelen producirse tras la ruptura de relaciones matrimoniales o de afectividad, en muchas ocasiones, acrecentada por la existencia de hijos menores en común, cuya respuesta no siempre requerirá la intervención del Derecho penal.