LAS REMERAS DE PASAJES

Mientras los políticos y los medios de comunicación nos saturan continuamente con el patriarcado, el machismo y la desigualdad entre mujeres y hombres, no tenemos más que ver la historia de siglos atrás para comprobar que ya al menos en el siglo XVI y hasta principios del siglo XX, en la localidad guipuzcoana de Pasajes existían mujeres remeras, a la que llamaban Bateleras.

Acuarela de T. L. Hornbrook, hacia 1830. (Fotos de álbum SIGLO XIX).

Con motivo de la celebración la  Bandera Femenina de La Concha, quisiera recordar a otras remeras que las precedieron y cuya fama aún perdura.

Puerto de pasajes a mediados del siglo XX. (Foto de Euskonews & Media)

El puerto de Pasajes consiste en un pequeño fiordo con un estrecho canal o pasaje que a través de los montes Jaizquibel y Ulía comunica el mar con la bahía que se forma a en la desembocadura del río Oyarzun, lo cual si bién ha protegido siempre a los barcos de los temporales, también obligaba a muchos de ellos a tener que recurrir a la ayuda de remolcadores que los llevase entre las rocas.

Desde al menos el siglo XVI hasta principos del siglo XX, hay constancia escrita en los libros municipales de los ayuntamientos de Pasajes de San Juan y Rentería, de que quienes se dedicaban tanto a estas labores, como al transporte de pasajeros y marcancias de un lado a otro de la bahía o de los barcos a tierra, eran las mujeres vecinas de Rentería, Lezo y de Pasajes de San Juan y San Pedro, puesto que los hombres normalmente se hallaban embarcados en barcos pesqueros, mercantes o de guerra.

Grabado de B. Hennebutte Feillet, hacia 1850. (Fotos de álbum SIGLO XIX).

Este hecho insólito, de que quienes realizaran estas taréas tan árduas fueran mujeres, llamaba por fuerza la atención de todo viajero que cruzase por aquí, y de hecho aparecen mencionada en los libros de viajes que escribieron algunos escritores de los siglos XVII al XIX, como Marie Catherine Le Jumel, condesa de Aulnoy en su “Viaje por España” o J. Mañé y Flaquer en su “El Oasis, viaje al País de los Fueros”. También aparecen mencionadas por Lope de Vega en una de sus obras de teatro aunque sería Bretón de los Herreros, quien con su drama “La batelera de Pasajes”, estrenada en 1842, las popularizara por toda España.

Grabado de H. Feillet, de 1852. (Fotos de álbum SIGLO XIX).

También algunos historiadores de la provincia, como Lope Martinez de Isasti en su “Compedio Historial” o Manuel de Larramanedi en su “Corografía”, nos han hablado sobre ellas.

Según Lope de Isasti, en 1625, hablando de Pasajes, nos cuenta:

“… así mismo ha tenido y tiene este lugar mujeres varoniles, que sin temer las tormentas de la mar, han acudido con chalupas a atoar y meter en el puerto galeones de la armadadas reales y otras naos que vienen de Terranova y de otras partes, remando con gran esfuerzo como si fuesen varones en falta de los marineros que andan por la mar en sus viajes“.

“… mostraron su destreza en gobernar barcos y chalupas y en el uso de las armas“.

Con motivo del paso de Felipe III por este lugar en 1615, algunas mujeres se acercaron con sus arcabuces como si fueran amazonas, mientras otras iban remando junto a la gabarra real tocando el pandero y cantando canciones de la tierra.

Años después, su sucersor el rey Felipe IV, con su hija María Teresa, durante un viaje por Guipúzcoa en el año 1660, se les obsequió con una gira por el canal y el puerto y tan prendados quedaron de las bateleras, que más tarde quisieron llevar algunas á Madrid, para que los pasearan por los estanques del Buen Retiro, pero, a pesar de que algunos historiadores afirman lo contrario, no fué posible hallar muchachas que marcharan a Madrid.

Grabado Fº de Paula Mellado, de 1846. (Fotos de álbum SIGLO XIX).

Aunque a lo largo de la Historia muchos hombres las han mencionado en sus libros o cartas, es la condesa de Aulnoy , en 1679, la única que nos describe a estas bateleras con un poco más de detalle:

Esta mozas son altas, de cintura delgada y color moreno, sus dientes blanquisimos y admirables; su cabello negro y lustroso como el azabache, trenzado y rematado con lazos de cinta, cae por la espalda. Llevan sobre la cabeza una gasa fina bordada en oro y seda, que bordea el cuello y cubre la garganta; usan pendientes de perlas y collares de coral, y una especie de jubón de mangas muy estrechas, como las nuestras bohemias; su aspecto agrada y seduce. Dicese de estas marineras que nadan como peces y no admiten es su particularísima sociedad a otras mujeres ni a ningún hombre; constituyen una especie de república independiente, a la que acuden las afiliadas desde muy jóvenes con beneplácito de sus padres, que las destinan a tal oficio…”.

También nos describe sus barcas, pequeñas, limpias y decoradas con banderolas de colores y conducidas con habilidad y ligereza por tres mujeres, dos a los remos y una al timón. Y además añade la anécdota de como a su cocinero, al propasarse con una de ellas, ésta le abre la cabeza con un remo. Más tarde al recibir una indemnización por los desperfectos causados por la pelea, las barqueras gritaban, saltaban y bailaban al son de las panderetas.

Grabado de Gómez, de 1879. (Fotos de álbum SIGLO XIX).

Las barqueras de Pasajes siguieron remando hasta principios del siglo XX, cruzando la bahía de una orilla a otra, contra mareas y temporales, realizando una labor tan dura como cualquier hombre.

Seguramente, si se hubieran enterado que la distancia de las regatas femeninas iban a ser la mitad que las masculinas, hubieran armado una buena, y si no, que se lo pregunten al cocinero de la condesa.

CONVOCAN UNA MARCHA CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA EN LA QUE PROHIBEN LA ASISTENCIA DE HOMBRES

Cada día está más claro hacia dónde va la ideología de género. Lejos de sumar, continúan restando.

Primero fue con la eliminación de los suicidios y sus motivos en las estadísticas del INE, para continuar con los datos sesgados que publica el Observatorio de Violencia de Género así como la información sesgada que transmiten los medios de comunicación omitiendo los asesinatos de hombres a manos de sus parejas femeninas así como los asesinatos de niños maltratados por sus madres, dando prioridad a los datos negativos hacia todo lo que sea del sexo masculino y ahora se trata de la convocatoria de una  marcha contra la violencia que ellas denominan machista a la que prohíben la asistencia de hombres…

Desde el punto de vista de la Plataforma de Mujeres contra la L.I.V.G., está claro que con acciones como esta no hacen sino fomentar la ausencia de solidaridad hacia las verdaderas víctimas en lo que supone un acto de discriminación negativa hacia el hombre en todos sus aspectos.

Un nuevo paso atrás en la consecución de la verdadera igualdad.

PMC L.I.V.G.

La marcha, convocada para este viernes, ha causado gran polémica en las redes sociales por los requisitos de las organizadoras.

Libertad Digital

El feminismo tiene un concepto curioso de lo que es la igualdad, algo que ha quedado de manifiesto este viernes tras la convocatoria de una manifestación. El objetivo es denunciar los últimos crímenes de violencia doméstica. Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, esta manifestación para protestar contra esta violencia tiene requisitos. Tiene derecho de admisión. O eres mujer o no puedes participar en la marcha. Como si todos los hombres fueran culpables o ninguno pudiera denunciar la lacra de la violencia.

“Marcha no mixta contra la violencia machista“, dice el cártel de la marcha, que asegura que “nos queremos vivas”.

Esta curiosa forma de prohibir a casi la mitad de la población de la manifestación ha causado revuelo en las redes sociales, donde varios usuarios no entienden el por qué de esta decisión. Así, un tuitero afirmaba: “A ver si lo entiendo… Esto es como una mani contra el racismo pero a la que sólo pueden acudir negros, ¿no?”.

EL INTRINCADO PERFIL DE UNA MUJER MALTRATADORA

Leyendo  este artículo ¿nos daremos cuenta de una vez por todas de la mentira de la ideología de género? Visto lo que las misándricas hembristas pormulgan respecto a la violencia del hombre hacia la mujer, veamos lo que dice este artículo respecto al hecho contrario: la violencia de la mujer hacia el hombre…. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

La nuestra es evidente: ambos seres humanos,  hombre y mujer, podemos ser igual de violentos y dicha violencia ha de ser condenada por la sociedad sin ningún tipo de distinciones.

PMC L.I.V.G.

El perfil de una mujer maltratadora. Foto

Por Pablo Huerta.

La semana pasada Investigation Discovery publicó una nota sobre el maltrato verbal en las parejas. Un flagelo que padecen en su mayoría las mujeres, víctimas de una sociedad violenta y patriarcal. Allí se destacaba que también los hombres pueden ser quienes sufran la agresión. No son pocos, tan solo se habla menos del tema por ser un drama tabú. La sociedad los condiciona a ser dominantes y no dominados. Y el silencio se transforma en su peor enemigo.

EL VICTIMARIO

Un caso típico es cuando la mujer conforma la pareja y llega al matrimonio por necesidad y no por amor. Las razones pueden ser una familia que la echó de su hogar, una soledad que la atormenta, la falta de dinero, la presión social de ver que sus amigas ‘concretan’, o un embarazo no deseado. La chica busca pareja. La encuentra. Nace una relación. Crece el vínculo. Y al poco tiempo deciden sellar la unión casándose. Los primeros meses es todo compartir. Pero ya entonces se empieza a notar que la balanza desequilibra. Las quejas y los reclamos se suceden y en determinado punto se vuelven intolerables. El velo del romance se cae y el hombre comienza a ser víctima del maltrato. Una agresión que se da mayormente de forma verbal, pero que también puede llegar a ser física.

Cuando la génesis de la relación no es el amor y el deseo por el otro, cuando la mujer no está preparada anímica y psicológicamente para amar y convivir con otra persona o para afrontar la maternidad, puede dispararse un cuadro neurótico en el que descargará sus amarguras inconscientes sin resolver sobre su marido, primero, y sus hijos, después.

A partir de entonces, no importa lo que él haga, siempre estará mal. Y de un modo u otro ella encontrará cómo deformar lo sucedido para justificar su compulsiva necesidad de agredirlo y humillarlo.

En casos leves, la agresora se limitará a manipular y exigirle siempre más a su pareja. Pero en casos graves, donde la mujer sufre un trastorno de personalidad, su violencia puede ser terrible para el prójimo, pasando de lo verbal a lo físico.

Buscará para su cometido a personas con la autoestima baja igual que ellas. Porque esto también es real: el victimario tampoco se quiere mucho a sí mismo. Pero su narcisismo lo priva de toda humildad y autocrítica y sólo busca culpar a la víctima de su propia infelicidad intrínseca.

No importa acá el éxito en el campo profesional o social de uno u otro. Servirá sólo a nivel discursivo. Puertas adentro, los títulos y el dinero quedan en un segundo plano.

Un dato curioso es que estas mujeres no buscan separarse. Es decir, si la convivencia con alguien ‘tan estúpido’ es intolerable, lo lógico es que busque otra persona ‘mejor’. Pero no sucede. Lo que en definitiva evidencia su intención: el maltrato en sí.

LA VICTIMA

La víctima verá cómo sus actos y opiniones son permanentemente juzgados de manera desproporcionada, y cómo es puesto en el lugar de una persona tonta, mala o inservible que sólo le complica la vida a su mujer. Se le resaltarán todos los defectos o, llegado el caso, se le atribuirán algunos inexistentes.

Si cansado de lo que le toca vivir elige ignorarla, ella le dirá que él sólo se preocupa por sus problemas y escuchará frases como: “¡Nada más te importa lo tuyo!, ¡yo no significo nada para ti!”.

Si en cambio decide brindarle cariño y contenerla, lo tratará de infantil: “¡Eres un baboso!, ¡con esto no arreglas nada!”.

Si por el contrario reacciona enfrentándola, lo tildará de violento: “¿Quién te has creído?”, ¡a mí no me hables así!”.

Algunos buscarán refugiarse en el trabajo, la familia o los amigos. Otros comenzarán a desarrollar conductas de riesgo: alcohol, drogas, apuestas, salidas hasta la madrugada. Lo que en definitiva dará más razones a su mujer para continuar quejándose. El viaje de ida se completa cuando llega la infidelidad para recuperar el sexo o el amor perdido.

Lo que está en juego no solo es la relación. Si el hombre no se aleja a tiempo puede desarrollar cuadros depresivos, trastornos de la personalidad o problemas sexuales.

Entre los hombres hay un tipo que es el que peor la pasa: el que se vuelve cómplice de la situación. Este es el que genera mayor desprecio: ¡No sirves para nada!, ¡cómo me arrepiento de haberme casado contigo!”. Tienden a ser personas infantiles que ven a su pareja como una ‘madre justiciera’ que tiene razón y les da su merecido. Estos sujetos quedan anulados y a expensas de lo que su esposa decida.

QUÉ HACER

Lamentablemente no hay mucho que el hombre puede hacer al respecto. La agresora debería asumir su maltrato para comenzar un tratamiento terapéutico y esto con el tiempo podría revertir la situación. Pero no suele ocurrir que la persona violenta se asuma como tal. Si la percepción de la mujer será siempre inequívoca y furiosa es casi imposible que haya espacio para el diálogo o la negociación.

Quienes peor la pasarán serán esas personas inmaduras y dependientes de la figura femenina. No podrán establecer un corte y terminarán con su autoestima aún más por el piso, justificando el accionar de su pareja: “Ella tiene razón, soy un estúpido, hago todo mal”.

El consejo es siempre consultar con un profesional de la salud mental y, llegado el caso, tomar distancia. Nadie debe sufrir innecesariamente. Mucho menos los problemas de otra persona que no sabe ni querer ni respetar.

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