Sombras de la violencia de género

Por Blanca Escaño

Es un hecho que, la ideología de género ha sembrado la desigualdad y la discriminación del varón en España.

Es evidente que no se conseguirá eliminar la mal llamada violencia de género legislando y criminalizando a los hombres.

El mal llamado feminismo se ha hecho abanderado de una presión mediática tan brutal como desproporcionada, en forma de publicidad mediática y subvenciones de todo tipo hacia partidos políticos, sindicatos, asociaciones fundamentalmente de mujeres, talleres para centros educativos, ponencias en las universidades, la creación de juzgados especiales contra la violencia de género, gabinetes psicológicos que realizan informes psicosociales, cursos de reinserción para maltratadores,  casas de acogida para mujeres maltratadas,  y así una larga lista transformada en ingentes cantidades de dinero teniendo como colofón las ayudas de la Unión Europea por cada denuncia interpuesta contra un hombre heterosexual por una mujer también heterosexual.

Al producirse la violencia “de género” en la intimidad del hogar, la simple denuncia de la mujer desencadena todo un protocolo en el que el hombre, sí o sí, resulta inicialmente culpable., dado que la ley integral contra la violencia de género ha invertido la carga de la prueba alterando el Principio de Acusación, siendo el acusado quien debe demostrar su inocencia en vez de ser la parte acusatoria quien demuestre la veracidad de lo denunciado. Algo que no sucede siquiera en delitos de terrorismo.

En la actualidad, el concepto de violencia machista resulta confuso, dado que cualquier acto realizado por un hombre y que no guste a la mujer es considerado como acto machista: desde un simple piropo hasta el acto más ruin que puede cometer un ser humano como es el asesinato. No contentos con ello, se omite deliberadamente las muertes de hombres a manos de sus parejas femeninas con el fin de realzar la debilidad de la mujer y poder así justificar la necesidad de ser tuteladas por el Estado. Una manera muy sibilina de no sólo debilitar la figura femenina, sino de generar una lucha entre sexos cuyo denominador común es el miedo mutuo.

Basta con que una mujer se declare maltratada, para que sea considerada como víctima y esta victimosidad durará toda la vida. Pongamos como ejemplo la finalización de una orden de alejamiento con hijos menores de por medio. El supuesto maltratador puede acercarse libremente donde se encuentren sus hijos para verlos y/o saludarlos,  y a la madre, con una simple llamada telefónica a la policía indicando que tiene miedo, le es suficiente para que se active el protocolo de vigilancia “por si acaso”, coartando la libertad y la tranquilidad del hombre, sufridor y en la mayoría de los casos, verdadera víctima junto con los hijos habidos en el matrimonio.

La LO contra la Violencia de Género se ha convertido en un fraude de ley, no sólo porque la discriminación positiva cuando perdura en el tiempo se convierte en un fraude de ley, sino porque la creación de Juzgados específicos para la violencia de género supone un tratamiento judicial específico para un determinado colectivo, es decir, la ley sólo contempla que dichos juzgados atienden exclusivamente a mujeres maltratadas por sus maridos o ex-parejas, que contradice los fundamentos constitucionales de igualdad de trato e igualdad ante la ley, aumentando significativamente las denuncias fraudulentas por maltrato, utilizadas con fines espurios, especialmente en casos de divorcio y con hijos.

De esta forma, la ley ofrece una protección jurídica desigual y discriminatoria en función de quien sea la víctima y quién el agresor, penalizando diferente a hombres y mujeres ante la comisión de un mismo delito.

Siendo conocedor el CGPJ de que las víctimas más débiles son los niños y los ancianos, emitió un informe anterior a la aprobación de la LOCVG en el que manifestaba su desacuerdo y sus recomendaciones y que hoy en día continúa vigente al no existir otro, si bien es cierto que no lo tienen en consideración, imaginamos que por la ignorancia social de este hecho.

Dicho esto, y teniendo en cuenta que violencia doméstica puede ser padecida por cualquier componente de la familia, no es de recibo que se trate diferente al resto de victimas de malos tratos y se castigue diferente dependiendo de quien haya cometido la autoría del hecho en sí. Toda persona debe de ser protegida o castigada de igual manera, puesto que el delito no es cuestión de sexo ni de género. El delito es la violencia o maltrato, con independencia de quien la ejerza o la padezca.

Al no ser así los derechos individuales, que son inalienables,  se ven seriamente violados en detrimento del principio de igualdad ante la ley.

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