Familias Reconstituidas

Las vacaciones de verano en especial, son una época muy esperada y deseada por todos los miembros de la familia pero también albergan una amenaza para el vínculo de pareja sobre el que os queremos hacer conscientes en este post, para que podáis cuidarlo y protegerlo.

Para que la familia reconstituida funcione, tiene que funcionar la pareja. Por eso, es preciso salvaguardar el vínculo de la pareja, porque es el más nuevo y vulnerable de la nueva familia reconstituida.

Mayor número de separaciones y divorcios tras las vacaciones

family_beachLas vacaciones son propicias para generar unas expectativas irreales de “vacaciones idílicas en familia” que muchas veces la realidad se encarga de derrumbar.

De hecho, las estadísticas indican año tras año lo contrario: uno de cada tres divorcios se produce en septiembre (a la vuelta del verano) y el porcentaje también aumenta en enero (tras las vacaciones de Navidad).

Uno de los principales motivos es que en vacaciones aumenta el tiempo compartido en familia y en pareja. Esa mayor exposición hace que se visibilicen más las discrepancias, salgan a la luz todos los problemas que durante el año se han podido ir tapando y, por lo tanto, se agudice la crisis en la pareja, cuando la hay.

Las familias reconstituidas no sólo no son una excepción de este fenómeno sino que en ellas la tendencia se agudiza.

¿Por qué hay más separaciones en las familias reconstituidas?

Frente a la idea generalizada de que el divorcio es causado por una “mala elección de pareja” (“ya me equivoqué una vez y no me va a pasar de nuevo”), el índice de divorcios de los segundos matrimonios es más elevado que el de los primeros. Y la disolución del mismo es también más rápida, suele producirse como promedio a los cuatro años, contra una media de siete años para los primeros matrimonios (Carter, B. 1991).

Existen varios motivos que nos explicarían esta alta tasa de separaciones en las familias reconstituidas:

Para comenzar hay que tener en cuenta que es un modelo en el que la pareja es el vínculo más nuevo y débil y que puede tener muchos “enemigos” externos metiendo “ruido” en la relación. Los “ataques” pueden venir de diferentes lados. Por ejemplo, los hijos/ase hijastros/as pueden acusar a la nueva pareja de ser el “culpable” de la separación y erigirse como los “vengadores” de su padre o madre. También pueden aparecer las ex parejas actuando de diferentes maneras, boicoteando la relación entre el nuevo cónyuge y sus hijos/as biológicos o incluso enfrentándoles. En ocasiones, la familia extensa también puede interferir, como puede ser el caso de la abuela o el abuelo que malmete a su nieto/a en contra de la nueva pareja de papá o mamá. Y, por último, incluso  puede influir la sociedad, que en ocasiones puede criticar a la nueva pareja, acusándole de ser causante del sufrimiento de los hijos/as y de la ruptura de la familia.

Otro motivo importante de la mayor vulnerabilidad del vínculo de las parejas en las familias reconstituidas es la falta de identificación con el modelo de relación que suponen las familias reconstituidas. Esto suele llevar a sus miembros a reproducir los roles de la familia nuclear, algo que no es posible y que vemos en la base de muchos de los conflictos que acuden al servicio y que, a medio o largo plazo, pueden hacer fracasar el intento de reconstitución.

Asimismo, a veces observamos cómo se establece una competencia entre el vínculo paterno filial y el de pareja, lo cual es un tremendo error. En esas situaciones, el perdedor siempre suele ser el vínculo de pareja, ya que el paterno-filial es anterior en el tiempo (al contrario que sucede en la familia nuclear) y porque, pase lo que pase, los progenitores y sus hijos/as lo van a ser siempre, mientras que la pareja estará junta sólo mientras ambas personas lo quieran.

Guia-MEDIACION--004Un último motivo, quizás el menos visible pero que hay que tener muy presente, es cuánto nos puede estar afectando la necesidad de reparación de  las experiencias relacionales insatisfactorias del pasado en nuestra relación de pareja. Aunque no seamos conscientes, todo aquello que creímos que no  recibimos en las primeras relaciones en nuestra familia de origen, nos suele llevar a una búsqueda continua de  satisfacción de dichas necesidades en nuestras relaciones de adulto con otras personas. Así, la intimidad de la relación de pareja genera la esperanza de poder recibir lo que no se obtuvo en la relación con los padres. Cuando no es así, suele sentirse que la pareja “no es lo suficientemente atenta” a las necesidades de confirmación, valoración, protección, etc. y se reacciona defensivamente con gran necesidad. En muchas ocasiones se puede culpar a un “tercero”, en forma de chivo expiatorio, a quien se acusará de ser el motivo por el que la pareja no puede darnos todo lo que necesitamos. En las familias reconstituidas, ese “tercero” suelen ser los hijastros/as.

Aprender a negociar y a gestionar los cambios

Ante estas características diferentes y especiales, el reto de la familia reconstituida es aprender a negociar.

En vacaciones, será una negociación sobre los periodos vacacionales (calendario, actividades, nuevas parejas, etc.), pero se trata de un aprendizaje más profundo que se extiende a todo lo que afecta a sus miembros (saber llegar a acuerdos respecto a crear modelos de crianza que no sean dispares entre ellos, funciones de los nuevos miembros, etc.) Y es que, sabemos que las parejas que pasan por una ruptura suelen tener dificultades a la hora de negociar. Por eso este es uno de los grandes retos de las familias reconstituidas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la peculiaridad de que son familias “en transición”, que deben afrontar un gran número de cambios en un periodo de tiempo más corto que otros modelos familiares. Por eso, aprender a manejarse con los cambios es otra de las grandes habilidades a desarrollar por los miembros de las familias reconstituidas.

Bibliografía: Unaf

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