EL DÍA EN QUE LOS INOCENTES SE CONVIRTIERON EN CULPABLES

Por Blanca Escaño

Un año más por estas mismas fechas navideñas, nos vemos obligados a recordar el día en que se perdió la Presunción de Inocencia en caso de ser varón, padre de familia y divorciado. Un año más, nos vemos obligados a recordar, en este caso, el decimotercero aniversario de la sádica ley contra la mal llamada violencia de género.

Como siempre por estas fechas, nos vemos obligados a reivindicar los derechos más básicos de cualquier ser humano, de los que incluso Felipe VI parece haberse olvidado por completo. Únicamente se acordó de las víctimas de violencia de género, sin embargo se olvidó de los niños huérfanos de padres vivos en procesos de divorcio, y de los niños asesinados a manos de sus madres, de la elevada tasa de suicidios, de las familias españolas que no llegan a final de mes y que en Nochebuena no tuvieron nada para cenar o si lo tuvieron, no fue lo adecuado. Tampoco habló de la gravedad de acusar en falso con fines espurios, ni de los millones invertidos en leyes que lejos de solucionar los problemas, no hacen sino agravarlos.
Se olvidó de los políticos acusados por sus mujeres por maltrato y que ni siquiera han pasado por calabozos. Olvidó mencionar a Juan Fernando López Aguilar, cuya causa por maltrato fue directamente archivada por el Tribunal Supremo al estar aforado. Se olvidó de evidenciar que todos los ciudadanos somos iguales y no debemos de tener leyes ni beneplácitos en detrimento de otros.
Tampoco mencionó que las mujeres no necesitamos ningún trato de favor por nuestra condición sexual, sino por nuestras capacidades personales e intelectuales, porque no somos inferiores a nadie. Ni habló de las mujeres que hacen las cosas como es debido intentando no perjudicar al hombre por el mero hecho de serlo o por haber estado casadas y tener hijos. En definitiva, se olvidó del resto de la humanidad y sus diversas problemáticas.

Las personas divorciadas nunca hemos estado bien vistas en la sociedad. Es más que evidente que no nos dejan ser independientes como personas, así que mucho menos nos van a dar facilidades a la hora de divorciarnos/separarnos y no digamos de poner las condiciones que, como seres humanos, tenemos derecho a poner. Nuestra fue la decisión de formar una familia, nosotros fuimos quienes decidimos poner punto final a la relación de pareja, sin embargo, los poderes públicos y judiciales nos impiden tomar decisiones para el resto de familia que dependen por igual de uno u otro miembro de la pareja rota: los hijos.

Cada vez somos más las mujeres que decimos alto y claro: Hartas de manipulación y de mentiras.

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