El maltrato de una reina

Por Blanca Escaño

 El bochornoso espectáculo protagonizado por Letizia Ortiz contra su suegra, la reina emérita doña Sofía, pone de manifiesto la falta de respeto de la actual reina no sólo hacia su suegra, su marido Felipe VI y sus propias hijas, sino hacia la parte del pueblo llano que la aclama.

De todos es conocida la afición de Letizia Ortiz hacia el feminismo más rancio, hasta el punto de haber participado hace un par de meses junto a la ministra de igualdad, Dolors Montserrat en una “reunión de trabajo” sobre la situación de la violencia de género en España. Según las noticias, Letizia fue “informada” de la situación actual de nuestro país y de las distintas iniciativas impulsadas para la erradicación de esta lacra. Lo que desconocemos es si Letizia hizo alguna “recomendación” al respecto. No es lo mismo una reunión de trabajo que una reunión informativa.

Volviendo al espectáculo protagonizado por la familia real que dista mucho de ser una real familia, se evidenció la alienación a la que Letizia Ortiz somete a  sus hijas en contra de la abuela, no sólo interponiéndose entre las niñas y la reina emérita para evitar que las fotografiasen juntas, sino por el leve tirón de oreja que le propinó a su hija Leonor disimulado bajo la apariencia de una cariñosa retirada del pelo de la cara hacia la oreja. Este acto fue el que propició que la niña rechazara de manera automática a su abuela. Lo mismo ocurrió cuando a Doña Sofía se le ocurrió besar en la frente a su nieta y Letizia con un gesto tan curel como infantil, totalmente indigno de alguien que representa a un país, borró el beso de la frente de su hija.

Este tipo de acciones son el reflejo de nuestro país.

¿Cuántas abuelas y abuelos se han visto reflejados en este tipo de actos? ¿Cuántos niños? ¿cuántos padres y madres? Seguramente cientos de miles.

Hemos podido comprobar el despotismo de una reina plebeya, con falta de clase que, haciendo gala de su soberbia y de su rancia ideología, ha retratado en su persona el feminismo de género haciéndose protagonista y relegando a un segundo plano a cualquier miembro de la familia real que no fuera ella misma, dejando patente y latente que es ella quien controla la situación y quien maneja (que no educa) a sus hijas, convirtiéndolas en futuros monstruos déspotas y crueles que un día representarán a un país llamado España.

Ni siquiera la familia real se libra de la corrupción, los divorcios, las desavenencias familiares e incluso el maltrato, porque Letizia Ortiz, reina consorte de un país llamado España maltrató no solo  a su suegra doblemente: delante de sus nietas a las que impide cualquier tipo de contacto y delante de todo un país, sino también a sus dos hijas psicológicamente.

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